Los investigadores han encontrado una nueva forma de rastrear los escombros que caen desde el espacio, utilizando sensores de terremotos para monitorear los estampidos sónicos creados cuando los objetos vuelven a ingresar a la atmósfera de la Tierra. Se trata de un avance crucial, dado que aproximadamente tres grandes trozos de basura espacial chocan contra la Tierra diariamente, pero los métodos de seguimiento actuales suelen ser inexactos, especialmente cuando los objetos descienden por debajo de los 200 kilómetros de altitud, donde las interacciones atmosféricas se vuelven caóticas.
Las limitaciones del seguimiento óptico y por radar existentes se hicieron evidentes durante un incidente ocurrido en noviembre de 2022, cuando España y Francia cerraron parcialmente el espacio aéreo debido al choque previsto de una pieza de cohete chino, que finalmente aterrizó en el Océano Pacífico. Este cierre costó millones y puso de relieve lo poco que sabemos sobre dónde caen realmente los escombros.
El nuevo método, desarrollado por equipos de la Universidad Johns Hopkins y el Imperial College de Londres, aprovecha la densa red de sensores sísmicos existentes (originalmente diseñados para detectar terremotos) para reconstruir las trayectorias de los objetos que reingresan. A diferencia de la escasa cobertura de radar, los sensores sísmicos están muy extendidos y sus datos están disponibles públicamente. El equipo de investigación utilizó con éxito este enfoque para analizar la trayectoria de un módulo de 1,5 toneladas de la cápsula Shenzhou 17 de China en abril de 2024.
Sus hallazgos fueron sorprendentes: el módulo viajó aproximadamente 40 kilómetros al norte de la predicción del Comando Espacial de EE. UU., esparciendo potencialmente escombros entre Bakersfield, California, y Las Vegas, Nevada. Si bien no se confirmaron impactos en la superficie, la posibilidad subraya el riesgo real para los 50 millones de personas que viven en esa zona.
El principal beneficio de este método no es la predicción; es verificación. Los datos sísmicos pueden identificar las ubicaciones de los impactos con mucha mayor precisión que los sistemas actuales, lo que permite una recuperación más rápida de fragmentos potencialmente peligrosos. Esto es especialmente importante dados incidentes pasados como la desintegración de un satélite soviético en Canadá en 1978, donde los desechos radiactivos nunca se recuperaron por completo.
La capacidad de verificar los eventos de reentrada también desafía las afirmaciones hechas por compañías como SpaceX, que afirman que sus satélites Starlink se queman por completo al reingresar. Los expertos lo dudan y sugieren que es probable que sobrevivan materiales duraderos como los tanques de combustible y las baterías. El seguimiento sísmico ofrece un medio para confirmar estas afirmaciones, ayudando a evaluar los verdaderos riesgos que plantea la caída de escombros para las personas, los aviones y el medio ambiente.
Los investigadores ya están buscando ampliar el método incorporando sensores acústicos, que pueden detectar explosiones sónicas a miles de kilómetros de distancia. Esto sería particularmente valioso para rastrear las reentradas sobre el océano, donde los datos sísmicos y de radar son escasos. El objetivo no es necesariamente detener la caída de escombros, sino comprender cómo caen y localizar los fragmentos supervivientes con velocidad y precisión.
“Un objeto supersónico siempre escapará de su propio boom sónico”, explica el autor principal del estudio, Benjamín Fernando. “Siempre lo verás antes de oírlo… Si va a caer al suelo, no hay nada que podamos hacer al respecto. Pero podemos intentar reducir el tiempo que lleva encontrar fragmentos de días o semanas a minutos u horas”.
