El debate en torno a la geoingeniería (intervenciones deliberadas a gran escala en el sistema climático de la Tierra) ya no es teórico. Es una cuestión apremiante que enfrentan los responsables políticos de todo el mundo. Si bien la historia de la acción climática tiene sus raíces en la geoingeniería accidental a través de las emisiones de combustibles fósiles, la pregunta ahora es si deberíamos explorar intervenciones controladas para mitigar daños mayores. Bloquear investigaciones vitales en este frente sería un grave error.
La urgencia de la exploración
Durante décadas, la humanidad ha alterado involuntariamente el planeta liberando gases de efecto invernadero, alterando el equilibrio energético de la Tierra y desencadenando peligrosos ciclos de retroalimentación. Esto es geoingeniería de facto sin intención ni gobernanza. Como advierte el científico climático James Hansen, la probabilidad de un calentamiento catastrófico se está acelerando: el derretimiento del hielo, el cambio de nubes y el aumento de la contaminación por partículas oscurecen el planeta.
El problema no es si hemos alterado el clima, sino si estamos preparados para las consecuencias. Los esfuerzos de mitigación actuales, si bien son esenciales, son insuficientes para evitar los peores escenarios. Necesitamos una estrategia más amplia que incluya adaptación, resiliencia y, fundamentalmente, una investigación rigurosa de posibles intervenciones.
Por qué las prohibiciones son contraproducentes
Prohibir la investigación en geoingeniería es una medida miope. Opositores tanto de derecha como de izquierda –desde los teóricos de la conspiración hasta aquellos que la ven como un “peligro moral”– están sofocando la investigación en un momento en que el conocimiento es nuestra herramienta más poderosa. El sistema climático de la Tierra está demostrando ser más sensible a los gases de efecto invernadero de lo que se suponía anteriormente, y las emisiones no están disminuyendo lo suficientemente rápido.
“Negarse a considerar opciones que podrían salvar vidas no es claridad moral: es un fracaso moral”.
Cerrar la investigación no elimina la necesidad de soluciones; garantiza que las decisiones futuras se tomarán en crisis, bajo presión y sin preparación.
Caminos responsables hacia adelante
Explorar intervenciones como reflejar la luz solar con partículas o iluminar las nubes marinas podría ganar tiempo y evitar consecuencias catastróficas. Se trata de medidas temporales, pero merecen un estudio detenido. Un programa de investigación serio permite desarrollar, probar y descartar opciones creíbles de manera responsable.
Esto no significa abandonar la reducción de emisiones. Reducir los gases de efecto invernadero sigue siendo la solución a largo plazo y hay señales positivas de que el crecimiento de las emisiones se está desacelerando. Sin embargo, dado el inicio tardío y la posibilidad de que los ciclos naturales del carbono se debiliten, nuestra capacidad para evitar impactos peligrosos está disminuyendo.
El imperativo moral
La justicia climática exige proteger a las personas del sufrimiento. Un plan holístico debe integrar la mitigación, la adaptación y la reducción de riesgos. El debate no es si explorar estas opciones, sino cuándo y por quién. La ventana para dar forma a este proceso de manera segura e inclusiva se está cerrando.
Necesitamos que los líderes, los financiadores y los gobiernos participen de manera constructiva, no para reemplazar las estrategias climáticas existentes, sino para complementarlas. Desechar ideas es fácil; el verdadero trabajo consiste en identificar lo que realmente podría ayudar y prepararnos antes de que una crisis en aumento nos obligue a actuar.
El futuro depende de decisiones informadas, no de reacciones de pánico. Bloquear la investigación ahora sólo garantizará un futuro más peligroso y sin preparación.





















