La terapia experimental con células madre ofrece un avance potencial en el tratamiento de la fragilidad, una afección común en los adultos mayores que aumenta significativamente el riesgo de caídas, infecciones y una disminución general de la calidad de vida. Si bien el tratamiento actual se basa en intervenciones en el estilo de vida, como el ejercicio, una nueva investigación sugiere que la infusión de células madre de donantes jóvenes y sanos en personas mayores puede mejorar considerablemente la función física.
La ciencia detrás del tratamiento
La terapia, llamada laromestrocel, utiliza células madre mesenquimales extraídas de donantes de médula ósea de entre 18 y 45 años. Estas células versátiles pueden desarrollarse en diversos tejidos, incluidos músculos y cartílagos, y están diseñadas para abordar las bases biológicas del envejecimiento, específicamente, la inflamación crónica y los procesos metabólicos alterados que debilitan los músculos.
Un ensayo reciente en el que participaron 148 participantes de entre 74 y 76 años con fragilidad leve a moderada demostró que una única infusión de laromestrocel mejoraba la distancia recorrida de forma dosis dependiente. Los que recibieron la dosis más alta pudieron caminar hasta 63 metros más después de nueve meses en comparación con el grupo de placebo. Esta mejora en la prueba de caminata de seis minutos, una medida clave del estado de salud y la longevidad, es particularmente significativa dado que la fragilidad afecta aproximadamente al 25% de las personas mayores de 65 años.
Cómo funciona: regeneración de la función vascular
Los investigadores creen que el laromestrocel actúa inhibiendo las metaloproteinasas de la matriz, enzimas que degradan las proteínas estructurales en los vasos sanguíneos y los tejidos. Al suprimir estas enzimas, la terapia puede regenerar el sistema vascular, mejorando la función muscular relacionada con la resistencia.
Fundamentalmente, el ensayo también identificó un biomarcador potencial de fragilidad: un fragmento de sangre llamado sTIE2, que indica una función vascular deteriorada. La disminución de los niveles de sTIE2 se correlacionó con dosis más altas de laromestrocel, lo que sugiere que las personas con sTIE2 elevado pueden beneficiarse más del tratamiento, potencialmente incluso antes de que se manifiesten los síntomas. Este enfoque personalizado de la medicina geroprotectora (intervenciones que retardan el envejecimiento) podría revolucionar la forma en que se aborda la fragilidad.
Desafíos y perspectivas de futuro
A pesar de los resultados prometedores, persisten obstáculos prácticos. El alto costo de las terapias con células madre y las dificultades logísticas para conseguir suficientes células de donantes son preocupaciones importantes. Algunos expertos cuestionan si los beneficios justifican el gasto en comparación con intervenciones establecidas como los programas estructurados de caminata, que han mostrado mejoras comparables en la distancia recorrida.
Sin embargo, las empresas de biotecnología están desarrollando activamente métodos escalables para la producción de células madre, con el objetivo de hacer que estas terapias sean más accesibles. Como explica Joshua Hare de Longeveron: “Se está trabajando mucho en relación con la capacidad de producir este tipo de células madre en grandes cantidades, y confío en que se satisfará la necesidad”.
En conclusión, las infusiones de células madre representan un paso importante hacia la lucha biológica contra la fragilidad, mejorando potencialmente la función física e identificando a las personas con mayor probabilidad de responder al tratamiento. Si bien existen desafíos de costos y escalabilidad, los avances tecnológicos en curso sugieren que este enfoque podría convertirse en una opción viable para gestionar el deterioro relacionado con la edad en el futuro.





















