Las artes como medicina: la nueva ciencia confirma lo que muchos sospechaban desde hacía mucho tiempo

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Los beneficios para la salud de involucrarse con las artes no son sólo anecdóticos; están cada vez más respaldados por evidencia científica sólida. Durante más de una década, investigadores como Daisy Fancourt han estado investigando sistemáticamente cómo las actividades creativas afectan nuestro cerebro, nuestro cuerpo y nuestro bienestar general. Los hallazgos son sorprendentes: la participación en las artes, ya sea a través de la música, la literatura, la danza o las artesanías visuales, desencadena una cascada de cambios biológicos positivos.

Efectos tangibles en la salud

Para muchos, la historia comenzó en entornos prácticos, como los programas artísticos de los hospitales. Fancourt relata haber observado a pacientes con demencia cantando viejas canciones palabra por palabra a pesar de la pérdida de memoria, a niños con quemaduras graves que necesitaban menos morfina durante las representaciones teatrales y a sobrevivientes de un accidente cerebrovascular que recuperaban la movilidad gracias a la musicoterapia. Estos no fueron incidentes aislados; fueron las primeras pistas de un fenómeno fisiológico más profundo.

Los estudios ahora muestran que participar en las artes activa vías de recompensa en el cerebro, aumentando los niveles de dopamina y mejorando el estado de ánimo. Al mismo tiempo, se modula el sistema nervioso autónomo, lo que reduce la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Los niveles de la hormona del estrés disminuyen, la inflamación disminuye e incluso la expresión genética cambia hacia funciones cognitivas más beneficiosas, como la neurogénesis.

Cambios fisiológicos a largo plazo

La participación artística regular durante meses o años no se trata sólo de impulsos temporales. Conduce a cambios estructurales en el cerebro, aumentando el volumen de materia gris en regiones relacionadas con la memoria, el procesamiento auditivo y el aprendizaje motor. Las proteínas relacionadas con una función cognitiva mejorada, una reducción de la depresión y un menor riesgo de infección se producen de manera más eficiente. Las investigaciones emergentes sugieren que la participación sostenida en las artes puede incluso retardar el envejecimiento biológico, medido por múltiples “relojes de envejecimiento” independientes.

Implicaciones en el mundo real

Estos cambios se traducen en resultados de salud mensurables. Las personas que participan regularmente en las artes reportan mayor felicidad, satisfacción con la vida y un mayor sentido de propósito. Más importante aún, demuestran un riesgo reducido de depresión, dolor crónico, fragilidad y demencia. Estas correlaciones son válidas incluso cuando se controlan el nivel socioeconómico, el historial médico y los factores del estilo de vida.

Las intervenciones basadas en evidencia en entornos de atención médica refuerzan aún más estos hallazgos. Las clases de canto han ayudado a los pacientes con accidente cerebrovascular a recuperar el habla, los campamentos de magia han mejorado las habilidades motoras en niños con parálisis cerebral y las clases de baile han mostrado efectos positivos sobre los síntomas de la enfermedad de Parkinson. En algunos casos, las artes parecen más efectivas que los tratamientos convencionales; la música, por ejemplo, puede superar a los medicamentos contra la ansiedad como las benzodiazepinas sin los mismos efectos secundarios.

Advertencias y direcciones futuras

Si bien los beneficios son convincentes, es fundamental reconocer las limitaciones. Las artes no son una panacea y pueden existir proyectos mal diseñados o dañinos. Todavía se necesita una investigación rigurosa en ciertas áreas, pero la trayectoria general es clara: las artes tienen un impacto profundo y mensurable en la salud humana. Si un fármaco arrojara resultados similares, sería aclamado como un gran avance. El hecho de que estos beneficios provengan de actividades accesibles y agradables debería ser motivo de celebración y de mayor inversión.

Si un medicamento tuviera el mismo catálogo de beneficios que las artes, estaríamos contándole a todo el mundo, luchando por conseguirlo, pagando precios elevados y tomándolo religiosamente todos los días. El hecho de que esto provenga de algo tan simple como asistir a un concierto o leer un libro debería cambiar nuestra forma de pensar sobre la salud.