En 2007, el matemático turco Ali Nesin lanzó una solución poco convencional a un problema persistente en la educación: los estudiantes memorizaban fórmulas en lugar de pensar críticamente. ¿Su respuesta? Nesin Mathematics Village, un entorno de aprendizaje aislado en el oeste de Turquía diseñado para fomentar una comprensión profunda a través de la inmersión y la vida comunitaria.
El problema de la educación matemática tradicional
Nesin observó que incluso los estudiantes de alto rendimiento de las escuelas más prestigiosas de Turquía tenían dificultades con el razonamiento matemático fundamental. En lugar de involucrarse activamente con el tema, confiaron en la memorización, un problema sistémico que sofocaba la comprensión genuina. El problema central, tal como lo vio Nesin, era la falta de pensamiento crítico en un sistema que prioriza las puntuaciones de las pruebas sobre la verdadera comprensión.
La aldea como entorno de aprendizaje
La Aldea de Matemáticas de Nesin está deliberadamente aislada, ubicada entre elementos naturales como árboles, enredaderas y estructuras de piedra. El fotógrafo Piero Castellano, que recientemente documentó el pueblo, explica que esta configuración es deliberada. Nesin creía que minimizar las distracciones externas y fomentar la vida comunitaria ayudaría a los estudiantes a sumergirse completamente en las matemáticas.
El pueblo funciona sin exámenes. En cambio, el aprendizaje se integra con las tareas diarias, fomentando un sentido de responsabilidad y compromiso colaborativo. Este enfoque contrasta marcadamente con los ambientes de olla a presión de las escuelas tradicionales.
Una filosofía premiada
En 2018, Nesin recibió el Premio Leelavati de la Unión Matemática Internacional, un reconocimiento a sus métodos de enseñanza innovadores. Su discurso de aceptación se centró en sus momentos más gratificantes en la aldea: observar a los estudiantes finalmente pensar por sí mismos.
“El lugar es un poco utópico, parece un mundo aparte”, dice Castellano.
La aldea de Nesin no se trata sólo de enseñar matemáticas, sino de cultivar una mentalidad. Al eliminar las presiones convencionales y adoptar un enfoque comunitario más inmersivo, demuestra que el aprendizaje profundo no siempre se encuentra en las aulas, sino que puede prosperar en espacios no convencionales. El éxito de este enfoque resalta la necesidad de reevaluar cómo se imparten las matemáticas (y la educación en general) para garantizar que los estudiantes comprendan los conceptos, no solo los memoricen.
