Durante más de dos décadas, la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) ha llevado a cabo uno de los proyectos de ciencia ciudadana más ambiciosos de la historia. Ahora, ese esfuerzo está llegando a su fin. Los astrónomos están reexaminando meticulosamente las últimas 100 señales de una base de datos de 12 mil millones de transmisiones candidatas detectadas originalmente por el proyecto SETI@home. La pregunta sigue siendo: ¿podría uno de estos débiles ecos ser un mensaje genuino de una civilización extraterrestre?
De millones de voluntarios a unas pocas señales finales
El proyecto SETI@home, activo desde 1999 hasta 2020, aprovechó el poder de procesamiento colectivo de millones de voluntarios en todo el mundo. Los participantes descargaron un software que analizaba datos del ahora colapsado Observatorio de Arecibo en Puerto Rico, examinando ondas de radio en busca de señales inusuales de banda estrecha. Estas señales (ráfagas de energía breves y enfocadas) eran indicadores potenciales de origen artificial.
Con el tiempo, este barrido masivo de datos arrojó 12 mil millones de transmisiones candidatas. El proceso de reducirlos ha sido minucioso. El filtrado algorítmico inicial redujo el grupo a 1 millón, luego a 1000. Una revisión manual final redujo la lista a sólo 100 señales que justifican una segunda mirada, y que ahora se están reexaminando utilizando el Telescopio Esférico de Apertura Esférica de Quinientos Metros (FAST) de China.
Por qué esto es importante: la evolución de SETI
La persistencia de este esfuerzo resalta un desafío fundamental en SETI: distinguir entre señales extraterrestres genuinas e interferencia de radiofrecuencia terrestre (RFI). La longevidad del proyecto subraya la dedicación de los científicos que creen que incluso las señales más débiles y anómalas merecen una investigación exhaustiva. El colapso de Arecibo convirtió a FAST en el único telescopio con capacidad para dar seguimiento a estos candidatos, haciendo que esta fase de la búsqueda sea crucial.
Lecciones aprendidas de dos décadas de escucha
El proyecto SETI@home no se trataba sólo de encontrar extraterrestres; fue una prueba de cómo analizar conjuntos de datos masivos. Al principio, el equipo carecía de una estrategia clara para examinar las detecciones. Para 2016, habían desarrollado mejores técnicas de filtrado y, para 2025, se encontraban en las etapas finales de análisis. El éxito del proyecto al involucrar a millones de voluntarios demuestra el interés público en la vida extraterrestre.
A pesar de la escala, los investigadores reconocen que muchas señales potenciales podrían haberse pasado por alto debido a la obsoleta potencia informática de principios de la década de 2000. Existe la posibilidad de que se haya perdido una señal real debido a limitaciones en los métodos de análisis originales.
“Tenemos que hacer un mejor trabajo al medir lo que estamos excluyendo… ¿Estamos tirando al bebé con el agua del baño? No creo que lo sepamos en la mayoría de las búsquedas SETI”, dijo Eric Korpela, cofundador de SETI@home.
¿Qué sigue?
Incluso si estas 100 señales finales resultan ser RFI, el proyecto SETI@home habrá establecido un nuevo punto de referencia en cuanto a sensibilidad. La conclusión del equipo es clara: si existieran señales extraterrestres por encima de cierta potencia, habrían sido detectadas. Sin embargo, existe la posibilidad de que se haya perdido una señal débil debido a limitaciones computacionales iniciales. Los científicos sugieren que volver a analizar los datos antiguos con el aprendizaje automático moderno podría generar nuevos conocimientos y una nueva oportunidad de descubrimiento.
El veredicto final aún se desconoce, pero el legado de SETI@home está seguro. El proyecto ha demostrado el poder de la ciencia ciudadana, la importancia de un análisis exhaustivo de datos y la búsqueda humana duradera para responder a uno de los mayores misterios del universo.





















