Los aterrizajes lunares corren el riesgo de contaminar pruebas clave del origen de la vida

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Las emisiones de las naves espaciales están a punto de contaminar prístinas regiones lunares vitales para comprender el surgimiento de la vida en la Tierra, según una nueva investigación publicada en el Journal of Geophysical Research: Planets. El estudio destaca una cuestión crítica mientras las agencias espaciales y las empresas privadas se preparan para una mayor actividad lunar.

El problema: la contaminación por metano

Los alunizajes actuales y futuros a menudo utilizan propulsores que liberan metano durante el descenso. A diferencia de la Tierra, donde la atmósfera dispersa los contaminantes, la falta de aire de la Luna permite que estos gases se propaguen rápidamente y queden atrapados en cráteres permanentemente en sombra en los polos. Estos cráteres contienen hielo de agua antiguo y moléculas orgánicas, lo que potencialmente preserva pistas sobre cómo comenzó la vida.

Por qué esto es importante: un archivo científico único

Las regiones polares de la Luna representan un archivo científico excepcionalmente valioso. A diferencia de la Tierra, que ha sufrido importantes cambios geológicos, la Luna ha permanecido prácticamente intacta durante miles de millones de años. Esto hace que sus depósitos de hielo polar sean un registro prístino de la historia temprana del sistema solar. Sin embargo, esta fragilidad también significa que los contaminantes modernos pueden comprometerlos fácilmente.

El estudio, dirigido por Francisca Paiva del Instituto Superior Técnico de Portugal, utilizó modelos informáticos para simular la dispersión de metano de la misión Argonaut de la ESA. Los resultados fueron contundentes: en dos meses (hora terrestre), casi el 54% del metano de escape quedó atrapado en regiones polares frías, incluido el polo opuesto al lugar de aterrizaje. Las moléculas se comportan “balísticamente”, saltando por la superficie sin dispersarse.

Implicaciones para futuras misiones

Los hallazgos plantean serias dudas sobre la protección planetaria. Como señala Paiva, “La Luna es un entorno tan valioso como la Antártida o los parques nacionales”. El estudio sugiere la necesidad de directrices más estrictas para salvaguardar las áreas lunares sensibles y minimizar la huella química de futuras misiones.

Silvio Sinibaldi, responsable de protección planetaria de la ESA, subraya la urgencia: “Perderemos una oportunidad si no tenemos instrumentos a bordo para validar esos modelos”. Se necesita más investigación para determinar qué tan profundamente penetran los contaminantes en el hielo lunar, pero los datos actuales subrayan el potencial de una contaminación generalizada.

Las implicaciones a largo plazo son claras: la exploración lunar sin control corre el riesgo de oscurecer uno de los registros científicos más importantes del sistema solar, obstaculizando nuestra capacidad de comprender los orígenes de la vida.

Para garantizar una exploración lunar responsable, las misiones futuras deben priorizar la mitigación de la contaminación y el monitoreo exhaustivo de los gases de escape del propulsor.