Los chimpancés muestran una fascinación inesperada por los cristales

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Los chimpancés, al igual que los humanos, muestran un gran interés en los cristales y a veces se niegan a devolverlos incluso a cambio de recompensas de alto valor como plátanos y yogur. Un estudio reciente publicado en Frontiers in Psychology revela que estos simios exhiben una clara preferencia por los minerales brillantes, reflejando un comportamiento observado tanto en los humanos prehistóricos como en las sociedades modernas.

El experimento del cristal

Investigadores dirigidos por el cristalógrafo Juan Manuel García-Ruiz llevaron a cabo un experimento en Rainfer Fundación Chimpatía, cerca de Madrid. A dos grupos de chimpancés se les presentó la opción: un cristal de cuarzo multifacético o una roca arenisca de tamaño similar. Los chimpancés gravitaban constantemente hacia el cristal, lo manipulaban con curiosidad y, en algunos casos, lo atesoraban abiertamente.

El estudio, denominado en broma “El Monolito” en referencia al enigmático objeto de 2001: Una odisea en el espacio, tenía como objetivo descubrir la raíz de la fascinación humana por los cristales. Los investigadores descubrieron que recuperar el cristal más grande requirió un importante trueque con los simios, lo que pone de relieve su fuerte apego. Algunos cristales nunca fueron recuperados.

¿Por qué cristales? Una perspectiva histórica

El estudio se basa en hallazgos arqueológicos previos de cuarzo y otros cristales que datan de hace 700.000 años. Estas piedras fueron recolectadas por los primeros humanos, a pesar de carecer de cualquier uso práctico aparente como herramientas u ornamentos. El Dr. García-Ruiz sugiere que esta atracción temprana puede estar relacionada con las propiedades materiales de los propios cristales.

La obsesión humana contemporánea por los cristales, a menudo acompañada de creencias en propiedades curativas o sobrenaturales, puede deberse a preferencias innatas similares. Si bien algunos descartan estas creencias por considerarlas irracionales, el Dr. García-Ruiz sostiene que comprender por qué existe esta fascinación es más valioso que simplemente desacreditarla.

“Para mí lo importante es decirle a la gente por qué” existe esta creencia.

El panorama más amplio

El estudio de los chimpancés ofrece una perspectiva única sobre la duradera conexión humana con los cristales. Sugiere que el atractivo puede estar integrado en nuestro cerebro, siendo anterior al lenguaje y la cultura. Esto plantea preguntas más amplias sobre la base evolutiva de las preferencias estéticas y el atractivo de los materiales naturales.

Los hallazgos no explican por qué los cristales nos cautivan, pero demuestran que esta atracción no es exclusivamente humana. Es un comportamiento compartido con nuestros parientes primates más cercanos y, probablemente, también con nuestros ancestros lejanos.