La investigación arqueológica en Bulgaria ha descubierto pruebas convincentes de que la carne de perro era consumida como un manjar, no por necesidad, por las personas que vivían en la región hace 2.500 años. Los hallazgos, publicados en el International Journal of Osteoarchaeology, revelan la matanza sistemática de perros junto con otro ganado, lo que indica que se trataba de una práctica cultural más que de una táctica de supervivencia.
Más allá de la subsistencia: los perros como alimento en la sociedad tracia
El estudio, dirigido por la zooarqueóloga Stella Nikolova, examinó restos óseos de diez sitios arqueológicos de la Edad del Hierro en toda Bulgaria. Estos sitios, que se remontan a la época de los tracios, un grupo cultural al norte de los griegos, mostraban marcas claras en huesos de perro, lo que sugiere que fueron procesados para obtener carne. A diferencia de períodos posteriores, donde los perros eran más a menudo compañeros, la evidencia sugiere que fueron tratados como ganado.
Nikolova explica: “La carne de perro no era una necesidad para salir de la pobreza, ya que estos sitios son ricos en ganado”. Esto es crucial porque reformula la suposición de que el consumo de perros estaba impulsado únicamente por la escasez. La presencia de abundante ganado, combinada con la matanza deliberada de perros, apunta a una elección culinaria deliberada.
Evidencia arqueológica: marcas de carnicería y restos de banquetes
En Emporion Pistiros, un importante centro comercial de la Edad del Hierro, los arqueólogos descubrieron más de 80.000 huesos de animales. Los perros constituían el 2% del total, y casi el 20% mostraba marcas de carnicería hechas con herramientas metálicas. Aún más revelador, algunas mandíbulas inferiores mostraban dientes quemados, probablemente por la depilación antes de cocinar.
Los cortes en los huesos de perro reflejaban fielmente los encontrados en ovejas y vacas, lo que indica prácticas de matanza estandarizadas. La atención a zonas ricas en músculos, como las extremidades traseras y las costillas, respalda aún más la idea de un consumo sistemático de carne. Los huesos se encontraron mezclados con restos de fiestas y desechos domésticos, lo que sugiere que la carne de perro se integraba tanto en los eventos comunitarios como en la vida diaria.
Contexto cultural: una tradición mediterránea más amplia
Esta práctica no era exclusiva de los tracios. Los relatos históricos mencionan la cinofagia (consumo de carne de perro) entre los antiguos griegos, y los estudios arqueológicos han confirmado su presencia en Grecia. La investigación de Nikolova amplía esta comprensión y muestra que la carne de perro también se consumía en la actual Rumania.
“No podemos etiquetar el consumo de carne de perro como exclusivo de la antigua Tracia, sino como una práctica algo regular que se llevaba a cabo en el primer milenio antes de Cristo en el noreste del Mediterráneo”, concluye el estudio. Esto sugiere una tendencia regional más amplia que desafía los tabúes modernos sobre el consumo de carne de perro.
Investigación futura: cambio de actitudes hacia los perros
El trabajo en curso de Nikolova a través del proyecto Corpus Animalium Thracicorum investigará más a fondo el papel cambiante de los perros en Pistiros. Más adelante, en la Edad del Hierro, la gente empezó a enterrar perros intactos, lo que sugiere un cambio en las actitudes culturales. Queda por ver si esta transición significó que los perros se volvieron menos aceptables como alimento.
En conclusión, la evidencia arqueológica de Bulgaria confirma que los antiguos tracios consumían regularmente carne de perro como parte de sus tradiciones culinarias. Esta práctica, compartida en todo el Mediterráneo, subraya la compleja relación entre humanos y animales a lo largo de la historia, una relación en la que los perros a veces eran vistos como ganado en lugar de compañeros.




















