Un nuevo análisis de fósiles de celacanto de 240 millones de años indica que estos primeros peces poseían una adaptación sensorial notable e inesperada: la capacidad de “escuchar” bajo el agua usando sus pulmones. El descubrimiento proporciona una nueva visión de cómo los vertebrados antiguos experimentaban su entorno y arroja luz sobre la historia evolutiva de la audición misma.
La extraña anatomía de la audición antigua
Los celacantos son un linaje de peces con aletas lobuladas con un registro fósil que se remonta a más de 400 millones de años. Son esenciales para comprender la anatomía de los vertebrados porque representan una forma de transición entre los peces y los primeros animales terrestres. Aunque se creían extintas durante décadas, en el siglo XX se redescubrieron dos especies vivas de celacanto (Latimeria ), lo que despertó un renovado interés científico.
Los fósiles examinados (Graulia branquiodonta y Loreleia eucingulata del Triásico francés) revelan un pulmón osificado (óseo) que contiene estructuras en forma de alas. Estas placas encerraban una cavidad llena de gas. Los investigadores descubrieron que este pulmón estaba conectado al oído interno a través de un canal, formando lo que parece ser un sistema sensorial completo.
Cómo funcionó: del pulmón al oído interno
Según el estudio, las ondas sonoras que entraban en el agua habrían hecho vibrar el gas dentro del pulmón osificado. Estas vibraciones luego viajarían a través del canal directamente al oído interno, permitiendo al celacanto detectar sonidos bajo el agua.
“Nuestra hipótesis se basa en analogías con los peces modernos de agua dulce, como la carpa o el bagre”, explica Luigi Manuelli, estudiante de doctorado que participa en la investigación. Estos peces utilizan un sistema similar llamado aparato weberiano, que conecta la vejiga natatoria con el oído interno, lo que les permite percibir las vibraciones bajo el agua. La burbuja de aire en la vejiga natatoria es fundamental para detectar estas ondas, que de otro modo atravesarían el cuerpo del pez sin ser detectadas.
La pérdida de un sentido antiguo
Los investigadores especulan que esta capacidad auditiva única se perdió cuando los ancestros del celacanto se adaptaron a ambientes marinos más profundos. Sus pulmones retrocedieron, haciendo que el sistema fuera menos necesario. Sin embargo, quedan restos de las estructuras del oído interno asociadas con esta adaptación sensorial, lo que proporciona pistas valiosas sobre el pasado evolutivo del pez.
“Este remanente anatómico ahora proporciona información valiosa sobre la historia evolutiva de estos peces, y quizás también sobre la de nuestros propios ancestros acuáticos”. – Profesor Lionel Cavin
Este descubrimiento desafía la comprensión tradicional de la biología sensorial del celacanto y sugiere que los primeros vertebrados pueden haber utilizado una gama más amplia de adaptaciones sensoriales de lo que se pensaba anteriormente. Los hallazgos, publicados en Communications Biology el 14 de febrero de 2026, subrayan la importancia de la investigación de fósiles para desentrañar la compleja historia de la vida en la Tierra.




















