Las redes eléctricas que alimentan a Estados Unidos y Canadá están mostrando signos de tensión, con un riesgo creciente de apagones generalizados en los próximos cinco años. Una nueva evaluación de la Corporación de Confiabilidad Eléctrica de América del Norte (NERC) advierte que la confiabilidad de la red está empeorando, dejando a decenas de millones de personas vulnerables a cortes de energía.
Demanda creciente, capacidad cada vez menor
El problema central es el desajuste entre la demanda de electricidad y la oferta disponible. La demanda está aumentando, impulsada en gran medida por la rápida expansión de los centros de datos, que requieren enormes cantidades de energía. Al mismo tiempo, las empresas de servicios públicos están desmantelando plantas antiguas de combustibles fósiles (carbón y gas natural) más rápido de lo que las reemplazan con nueva capacidad de generación.
No se trata sólo de hacer la transición a energías más limpias; se trata de sincronización. El ritmo del despliegue de energía renovable no está a la altura de las necesidades inmediatas de una economía en crecimiento y el apetito insaciable de las industrias de uso intensivo de energía.
Por qué esto es importante
Las consecuencias de la inestabilidad de la red son de gran alcance:
– Interrupciones en infraestructuras críticas (hospitales, plantas de tratamiento de agua).
– Pérdidas económicas por el cierre de empresas.
– Riesgos para la seguridad pública durante eventos climáticos extremos.
La evaluación de NERC destaca que el problema no es teórico; se está desarrollando ahora. La organización, que trabaja en estrecha colaboración con los reguladores, ha advertido que la red ya está bajo tensión y que la situación probablemente se deteriorará en los próximos años si no se toman medidas.
La conclusión clave es que el simple hecho de retirar plantas de combustibles fósiles sin garantizar una capacidad de reemplazo suficiente crea un riesgo inaceptable. La transición a la energía limpia debe gestionarse con cuidado para evitar apagones devastadores.
Los próximos cinco años serán críticos. Si las empresas de servicios públicos y los formuladores de políticas no abordan el creciente desequilibrio entre la demanda y la oferta, las redes eléctricas de América del Norte pueden enfrentar fallas cada vez más frecuentes y graves.




















