Estás usando un polímero en este momento. Tal vez sea la camisa que llevas puesta o los pantalones que llevas en las piernas. Probablemente no sea algodón. No es lana. Es una fibra sintética, un material que ha sido reescrito fundamentalmente por la química antes de llegar al telar.
Esto no es sólo un ajuste sutil. La composición química, estructura y propiedades de estos materiales se modifican significativamente durante la fabricación. Esa distinción importa. Las fibras naturales emergen del proceso textil en un estado relativamente inalterado. Son compuestos producidos biológicamente como la celulosa o las proteínas. Son lo que la naturaleza pretendía.
Las fibras artificiales son lo que los humanos diseñaron.
Casi siempre derivados del petróleo o del gas natural, estos polímeros sintéticos no se producen de forma natural. Se producen íntegramente en la planta química o en el laboratorio. Este proceso les otorga ventajas específicas que los materiales naturales difícilmente pueden igualar. Son apreciados por su fuerza. Poseen dureza. Resisten el calor. Rechazan el moho. Y quizás lo más importante para tu guardarropa es que tienen la capacidad de mantener una forma prensada. Puedes planchar una camisa sintética y se mantiene crujiente por más tiempo que una de algodón.
El alcance de estos materiales es enorme. Las fibras artificiales se hilan y tejen en una gran cantidad de productos industriales y de consumo.
Mira tu armario. Encontrarás camisas, bufandas y medias hechas con ellos. Mire alrededor de su sala de estar. Es probable que la tapicería, las alfombras y las cortinas contengan mezclas sintéticas. Pero la aplicación va mucho más allá de la moda. En el sector industrial, estas fibras son componentes críticos.
Se utilizan para fabricar cuerdas para neumáticos. Forman revestimientos ignífugos. Se convierten en correas de transmisión. En cada una de estas aplicaciones, el material se elige no por su suavidad, sino por su resistencia diseñada. Los polímeros se seleccionan porque pueden resistir tensiones que destrozarían una fibra natural.
Por eso la distinción entre lo natural y lo artificial es tan marcada. No se trata sólo de origen. Se trata de intención. Se cosechan fibras naturales. Se construyen fibras artificiales.
Las fibras artificiales se hilan y tejen en una gran cantidad de productos industriales y de consumo.
El resultado es un material que define la vida moderna. Desde la ropa que uno usa hasta el automóvil que conduce, los polímeros sintéticos están integrados en la infraestructura de la existencia diaria. Son más fuertes. Son más duraderos. Y están en todas partes.
La próxima vez que toque una tela que se sienta ligeramente resbaladiza o que aguante demasiado bien las arrugas, recuerde lo que está sucediendo a nivel molecular. Una cadena de átomos de carbono, derivada de antiguos combustibles fósiles, ha sido retorcida, hilada y endurecida hasta convertirla en algo útil. Es un triunfo de la ingeniería química.
También es un recordatorio de cuánto de nuestro mundo está fabricado. No crecido. Extraviado. Hecho.