El factor estresante invisible: cómo el infrasonido altera silenciosamente el estado de ánimo y la biología

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Una nueva investigación ha descubierto un vínculo sutil pero significativo entre el infrasonido (ondas sonoras que vibran por debajo del umbral de la audición humana) y el aumento del estrés fisiológico. El estudio sugiere que, si bien es posible que no “escuchemos” estas ondas de baja frecuencia, nuestros cuerpos reaccionan ante ellas elevando los niveles de cortisol y cambiando nuestros estados emocionales hacia la irritabilidad y la tristeza.

### ¿Qué es el infrasonido?

El infrasonido se refiere a la energía acústica con frecuencias inferiores a 20 Hz. Debido a que estas ondas son tan bajas, quedan fuera del rango de lo que el oído humano normalmente percibe como sonido. Sin embargo, el infrasonido está lejos de ser silencioso; es un elemento omnipresente tanto en el entorno natural como en el construido.

  • Fuentes naturales: Cambios tectónicos, actividad volcánica, tormentas convectivas y movimientos de agua a gran escala.
  • Fuentes urbanas/artificiales: Sistemas de ventilación, unidades de aire acondicionado, tráfico pesado, maquinaria industrial e incluso ciertas actuaciones musicales.

Esta ubicuidad significa que la mayoría de las personas están expuestas a los infrasonidos a diario, a menudo sin ser conscientes de su presencia.

El estudio: Midiendo lo invisible

Para comprender cómo estas ondas silenciosas afectan la biología humana, los investigadores llevaron a cabo un experimento controlado en el que participaron 36 participantes. La metodología se centró en aislar los efectos físicos del infrasonido de la percepción psicológica del mismo.

#### La configuración del experimento
Los participantes fueron colocados solos en una habitación y expuestos a música relajante o inquietante. Para la mitad del grupo, los subwoofers ocultos emitían infrasonidos a 18 Hz. Para medir el impacto biológico, los investigadores recolectaron muestras de saliva de los participantes antes y después de la sesión.

Hallazgos clave

Los resultados, publicados recientemente en Frontiers in Behavioral Neuroscience, revelaron varias tendencias sorprendentes:

  1. Estrés biológico: Los participantes expuestos a infrasonidos mostraron un aumento mensurable en cortisol salival, la principal hormona del estrés del cuerpo.
  2. Cambios emocionales: Aquellos expuestos a las ondas de baja frecuencia informaron que se sentían más irritables, menos interesados ​​en su entorno y percibían la música como “más triste” de lo que realmente era.
  3. Falta de conciencia: Fundamentalmente, los participantes no podían saber de manera confiable si el infrasonido se estaba reproduciendo. Su creencia psicológica (o la falta de ella) con respecto al sonido no tuvo ningún impacto en sus niveles de cortisol, lo que demuestra que la reacción fue una respuesta biológica directa y no un efecto placebo.

### Por qué esto es importante: la conexión “embrujada” y la salud a largo plazo

La capacidad del infrasonido para desencadenar una respuesta al estrés sin ser escuchado proporciona una lente científica a través de la cual ver ciertos fenómenos “ineexplicables”. Ofrece una posible explicación de por qué ciertos lugares, a menudo etiquetados como “embrujados”, pueden inducir una sensación de temor o inquietud en los visitantes.

Más allá de lo paranormal, el estudio plantea serias preguntas sobre la salud pública y el diseño urbano.

“Los niveles elevados de cortisol ayudan al cuerpo a responder a factores estresantes inmediatos induciendo un estado de vigilancia”, explica el profesor Trevor Hamilton de la Universidad MacEwan. “Sin embargo, la liberación prolongada de cortisol no es algo bueno. Puede provocar una variedad de condiciones fisiológicas y alterar la salud mental”.

Si los entornos urbanos (llenos de zumbidos de tuberías, tráfico intenso y ventiladores industriales) bañan constantemente a la población con infrasonidos de bajo nivel, el efecto acumulativo podría provocar estrés crónico, trastornos del estado de ánimo y otros problemas fisiológicos.

Conclusión

Esta investigación resalta una dimensión oculta de nuestro entorno sensorial, demostrando que nuestros cuerpos pueden reaccionar a estímulos acústicos que nuestra mente no puede percibir. A medida que aumenta la densidad urbana, comprender el impacto a largo plazo de los infrasonidos omnipresentes en el bienestar humano se convertirá en un área de estudio cada vez más vital.