Un importante estudio longitudinal no ha encontrado evidencia de que los niveles de fluoruro que normalmente se encuentran en el agua potable de la comunidad estén relacionados con un coeficiente intelectual más bajo o una disminución de las capacidades mentales en los adolescentes. Los hallazgos, publicados en las Proceedings of the National Academy of Sciences, proporcionan un importante contraargumento a los recientes cambios de políticas y desafíos legales relacionados con la fluoración del agua en los Estados Unidos.
La investigación: décadas de datos
Para abordar el creciente debate sobre la neurotoxicidad, los investigadores analizaron datos de una cohorte masiva de más de 10 000 personas en Wisconsin. Este estudio es único porque siguió a los participantes desde su último año de escuela secundaria en 1957 hasta varias décadas de edad adulta.
A diferencia de estudios anteriores que se basaban en calificaciones académicas o medidas indirectas, esta investigación utilizó pruebas de inteligencia estandarizadas e historiales residenciales detallados. Esto permitió a los investigadores:
– Mapear la exposición específica al fluoruro según el lugar donde vivía la gente.
– Mida directamente los resultados cognitivos a través de puntuaciones de coeficiente intelectual.
– Comparar los resultados con el nivel de fluoración comunitario estándar de 0,7 miligramos por litro.
La conclusión fue consistente en múltiples modelos estadísticos: en los niveles actuales de las pautas, la fluoración del agua comunitaria no se correlaciona con resultados cognitivos negativos.
El contexto: por qué el debate se está calentando
Durante gran parte del siglo XX, la fluoración del agua fue aclamada como un triunfo de la salud pública, a la que se le atribuye la reducción drástica de las caries al fortalecer el esmalte. Sin embargo, la narrativa ha cambiado recientemente debido a varios factores clave:
- Estudios internacionales: Investigaciones realizadas en partes de China e India mostraron vínculos entre una alta exposición al fluoruro y un coeficiente intelectual más bajo, aunque estos niveles a menudo excedían con creces los encontrados en el agua del grifo estadounidense.
- Informe del Programa Nacional de Toxicología (NTP): Una síntesis reciente de evidencia sugirió un vínculo potencial entre el fluoruro elevado y un coeficiente intelectual más bajo, particularmente en concentraciones superiores a 1,5 mg/L. Este informe se ha convertido en una piedra angular para los activistas e incluso ha influido en los fallos de los tribunales federales.
- Cambios de política: Citando estas preocupaciones, varios estados de EE. UU. y docenas de ciudades han comenzado a eliminar el fluoruro de sus suministros de agua para mitigar los riesgos percibidos para el desarrollo del cerebro infantil.
Matices científicos y preguntas restantes
Si bien el estudio de Wisconsin ofrece “datos muy sólidos”, como señaló el investigador de salud pública Steven Levy, la comunidad científica sigue dividida sobre cómo interpretar el panorama más amplio.
Algunos expertos, incluida la neuropsicóloga Christine Till, sugieren que, si bien los datos son sólidos, pueden tener limitaciones. Específicamente, debido a que los participantes del estudio nacieron antes de la fluoración generalizada, es posible que la investigación no tenga en cuenta en su totalidad la exposición en las primeras etapas de la vida, como durante la gestación o la infancia, cuando el cerebro se encuentra en su etapa más vulnerable de desarrollo. Además, dado que el estudio infirió la exposición a través de la residencia, es posible que no haya capturado la ingesta de fluoruro de otras fuentes, como los suplementos.
“La afirmación sobre el coeficiente intelectual simplemente no se sostiene”, dice Rob Warren, demógrafo e investigador principal del estudio, y señala que los datos contradicen la idea de que la fluoración típica del agua plantea un riesgo para el desarrollo neurológico.
Conclusión
Si bien esta nueva evidencia proporciona una fuerte defensa para mantener los estándares actuales de fluoración del agua, el intenso escrutinio político y legal que rodea el tema significa que el debate científico está lejos de estar resuelto. La tensión central sigue siendo: equilibrar un beneficio comprobado para la salud dental con preocupaciones emergentes, aunque controvertidas, con respecto a la seguridad neurológica.





















