Jack Kilby no se limitó a construir un chip. Él sentó las bases para casi todos los dispositivos modernos que haya tocado.
Nacido en Jefferson City, Missouri, en 1923, Kilby no estaba destinado a aparecer en los libros de historia por nacimiento. Estudió en la Universidad de Wisconsin, se licenció en ingeniería eléctrica y luego se unió a Texas Instruments en 1958. Fue allí, en un laboratorio de Dallas, donde cambió el mundo físico.
En ese año construyó el primer circuito integrado.
Antes de Kilby, la electrónica era voluminosa. Se basaban en transistores, resistencias y condensadores discretos conectados entre sí en placas de pruebas o de circuitos. El proceso fue lento. Los dispositivos eran pesados. Fracasaron a menudo. La innovación de Kilby fue radical por su simplicidad: puso todos esos componentes en una sola pieza de material semiconductor. Silicio, concretamente. No se limitó a conectar los puntos. Dibujó los puntos.
Este no fue sólo un ejercicio académico. Fue el primer circuito integrado jamás creado. Demostró que se podía reducir un circuito completo al tamaño de una uña. Ese avance es la razón por la que tu teléfono cabe en tu bolsillo. Por eso tu coche tiene una computadora. Por eso la medicina tiene monitores portátiles.
Kilby poseía más de 60 patentes. Coinventó una calculadora portátil con una impresora térmica, precursora de los terminales de datos portátiles actuales. Pero el circuito integrado fue el más importante.
La comunidad científica finalmente lo reconoció. Recibió la Medalla Nacional de Ciencias en 1970. Le siguió el Premio de Kioto en 1993. Luego, en 2000, compartió el Premio Nobel de Física con Herbert Kroemer y Zhores Alferov. El comité del Nobel citó su trabajo en física y electrónica de semiconductores. Desarrollaron semiconductores con heterointerestructuras, que hicieron posibles los láseres y la electrónica de alta velocidad.
Kilby murió en Dallas el 20 de junio de 2005.
Ahora damos por sentado el circuito integrado. Asumimos que la tecnología siempre será pequeña, rápida y barata. Pero eso no fue inevitable. Fue una elección. Un hombre soltero en un laboratorio de Texas decidió que no era necesario separar los componentes. Podrían ser uno.
Esa elección repercute en todo. Cada vez que transmites un vídeo, envías un mensaje de texto o consultas el tiempo, estás interactuando con la idea de Kilby. No se limitó a inventar un papel. Inventó la escala de la vida moderna.
La pregunta no es qué construyó. Es lo que él permitió.















