Asumimos que el hambre arruina nuestro cerebro.
Es la lógica clásica de los snack bar: No eres tú cuando tienes hambre. El desayuno es el ancla del día, dice el mito. Si lo pierdes, te disolverás en la niebla.
Pero una nueva revisión de 71 estudios dice que podemos relajarnos.
Los investigadores examinaron 63 artículos en los que participaron más de 3.400 personas. No encontraron ninguna caída significativa en el poder cognitivo de los que ayunaban en comparación con los que comían habitualmente.
Para la mayoría de los adultos sanos, pueden saltarse el desayuno sin que su agudeza mental se evapore.
Christoph Bamberg de Austria y David Moreau de Nueva Zelanda dirigieron el análisis. No querían que los beneficios válidos del ayuno, como una menor inflamación o una mejor salud cardíaca, se arruinaran por el miedo a la confusión mental.
Usaron estadísticas bayesianas. No sí o no, sino distribuciones de probabilidad. Maneja mejor los datos desordenados.
¿El resultado?
El ayuno de corta duración (unas 12 horas de media) no arruina la memoria, la toma de decisiones ni la velocidad de respuesta.
Ni siquiera un poquito.
Excepto.
Los datos no son uniformes en todas partes.
- Más de 12 horas y el rendimiento baja ligeramente.
- Los niños y adolescentes chocan. Sus cerebros en desarrollo necesitan ese combustible constante. Aquí importan tres comidas.
- Las tareas relacionadas con la alimentación se ven afectadas. Si la prueba muestra imágenes de hamburguesas, los que ayunan tienen dificultades. ¿Pruebas neutrales? Bien.
- Más tarde, las cosas empeoran. Los ritmos circadianos decaen, el hambre amplifica la depresión.
El hambre no te atonta.
Simplemente te distrae cuando se menciona la comida.
Moreau lo llama una herramienta personal. No es un mandato universal.
Consulta a un médico si te lanzas.
¿La conclusión principal?
No te preocupes.
Tu cerebro se mantiene estable.
Principalmente.
